Battles – Gloss Drop: pasados de rosca

9 06 2011

En 2007 un cuarteto de Nueva York se popularizó como estandarte de un género cuyo término parecía estar creado para definirlos, el Math Rock, caracterizado por un ritmo que es la base de todo cuanto suena, muy marcado, directo al cerebro. Battles flirtea a mediados de la pasada década con un par de epés bastante experimentales y que personalmente no aprecio demasiado, pero finalmente fichan por Warp Records, discográfica de prestigio por tener en cartera a grandes artistas de la electrónica. Con el lanzamiento de Mirrored, el primer largo de la banda, consiguen una gran repercusión, principalmente por el virtuosismo del gran John Stainer a la batería.

De sonidos electrónicos con bases Rock y vocales tremendamente modulados, Mirrored fue aclamado como uno de los álbumes más particulares de los últimos años, aunque con la misma rapidez que llegó su popularidad se esfumó. Cuatro años después llega este Gloss Drop (Warp Record, 2011) con el que parece que han perdido la frescura que sin duda tuvieron. Hay un motivo para esto quizás demasiado evidente, la marcha de Tyondai Braxton (guitarra, teclados y vocales) hace menos de un año que deja algo huérfana a la banda, pero hay más.

La banda ha tratado de suplir esta horfandad con las voces de artistas invitados al álbum, caso de Kazu Makino, cantante de Blonde Redhead en “Sweetie & Shag”, o el mítico Gary Numan en “My Machines”. El resultado de las colaboraciones es desigual, y es que nos encontramos con un álbum con grandes altibajos.

El principio es alentador, “Africastle” da comienzo con unos ecos de guitarras geniales y el estallido de ritmos a mitad de la canción recuerda a los mejores momentos de su álbum de debut. Hubiera resultado más disfrutable con una duración menor, pero es perdonable. “Ice Cream” es incluso mejor, comienza como un puñetazo en la boca del que uno solo puede recuperarse dando zapatazos y botes. Matias Aguayo da una dimensión diferente a lo que nos tenían acostumbrados y entregan una canción veraniega y no tan seca como de costumbre. “Futura” es quizás el mejor acierto de este álbum, con una segunda mitad extremadamente adictiva, que parece invitar al instinto salvaje a dar rienda suelta.

El disco a partir de este punto se diluye completamente y no volvemos a encontrarnos momentos reseñables hasta la parte final de “My Machines”, frenética aunque algo abrumadora. “Dominican Fade” es todo un alivio para el oyente, una canción de ritmos caribeños, que peca de monótona pero a la que su corta duración le sienta bastante bien. En “Sweetie & Shag” Kazu Makino suena con demasiados ecos y resulta irritante. “Rolls Bayce” apuesta por el lado más experimental de la banda pero no convence y “White Electric” está alargada hasta el extremo. Con “Sundome” termina el álbum, un tema de tintes orientales que no parece estar hecho para oidos sensibles. Suena demasiado bruto y difícilmente aguanta las escuchas.

Un paso atrás de una banda cuya evolución no ha sido la adecuada. Los atributos que hicieron de Mirrored un buen álbum hacen que Gloss Drop siga teniendo momentos disfrutables pero aquí falta capacidad de sorprender y una conjunción en el álbum casi inexistente, que da la impresión de que había ideas para un buen epé, pero no para un segundo álbum a la altura del primero.

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