Roger Waters – The Wall Live (Palacio de los Deportes, Madrid)

2 04 2011

El pasado viernes 25 de marzo tuvimos el placer de admirar el espectáculo creado por el ex-Pink Floyd, Roger Waters, y la representación del álbum de la banda, The Wall.

Esta era la primera fecha de las cuatro representaciones que daría en nuestro país, dos en Madrid y otras dos en Barcelona dentro de la gira The Wall Live que comenzó en septiembre del 2010.

Pero antes de entrar de lleno en la crónica, debemos ponernos en antecedentes y así entender mejor lo que allí aconteció:

Pink Floyd fue un grupo de rock británico bastante popular gracias a su música psicodélica, rock progresivo y sinfónico. Se caracterizan por temas con contenido filosófico, la experimentación sónica y sus grandes representaciones en directo.

Comenzaron con gran éxito en la escena underground londinense a finales de los años sesenta, con Syd Barrett como principal compositor, pero tras los problemas mentales deribados del consumo de drogas de de este, el cantante y bajista, Roger Waters, se convirtió gradualmente en la fuerza conductora y dominante desde la primera mitad de los años setenta, la época de mayor éxito en ventas de la banda, hasta su salida de ella en 1985.

Con el paso de los años la música de el grupo comenzó a ser criticada por parte de los seguidores del punk rock por haberse convertido en demasiado pretenciosa, alegando haber perdido de vista la simplicidad del Rock and Roll.

Pero en 1979 nace la épica ópera-rock The Wall. El álbum, considerado como conceptual, fue compuesto casi en su totalidad por Waters, en el cual se tratan temas como la soledad y la falta de comunicación a través de la vida de una estrella ficticia del rock llamada “Pink” (experiencias basadas antiguo lider de la banda Syd Barret).
Pink se encuentra traumatizado por las situaciones que va sufriendo a lo largo de su vida como son: la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial, la sobreprotección materna, la opresión de la educación británica, los fracasos sentimentales, la presión de ser una figura famosa en el mundo de la música y el abuso de las drogas. Todo ello es convertido en ladrillos de un muro con el fin de protegerse del mundo y de la vida, pero que le conduce a un mundo de fantasía autodestructiva.

El álbum solo fue interpretado en unas pocas ocasiones debido a las complicaciones logísticas, aunque sería interpretada por Waters una vez más después de la caída del muro de Berlín.

Hasta el 2010 en la que Waters decidió poner de nuevo en marcha la maquinaria de The Wall…

Llegamos corriendo al Palacio de los Deportes de Madrid, grandes colas y la pista llena. Nos comunican que la entrada a pista está cerrada por aforo, que nos tenemos que subir a las plantas altas, ¿Cómo? ¡si tenemos entrada de pista! (sigo sin entender por qué en todos los conciertos hay este problema), pero por supuesto no nos damos por vencidos, buscamos una entrada lateral y bajamos a la pista, la cual no estaba llena ni mucho menos.

Se apagan las luces, el palacio lleno hasta el último asiento de la grada, el público se encuentra expectante, comienza el show.

Suenan las guitarras de In the flesh, primer tema introductorio del álbum. El palacio vibra con semenajente muro de sonido. Vemos a Waters con su bajo Fender y a todos los músicos, las grandes pantallas y comienzan a emerger los primeros “ladrillos” sobre el escenario. Se avecina una buena noche.

Con la emotiva The Thin Ice comienzan las  proyecciones de diferentes personas con una pequeña biografía, algunas desgarradoras, que continuarán durante Another Brick in the Wall, Part 1.

Se escucha el helicóptero por todo el palacio, al estilo cinematográfico y Waters arranca con The Happiest Days of Our Lives con su voz grave para seguir con uno de los temas más aclamados, Another Brick in the Wall Part 2.

Comienza el verdadero espectáculo. La gran marioneta del maestro hace su aparición. Comienzan los coros en torno a Waters con un público reafirmándose a golpe de “we don’t need no education!”. Pero todo maestro necesita a sus alumnos, por lo que el coro de niños hace su aparición en el escenario, coreografía incluida para enfrentarse al malvado maestro.

Tras el espectáculo montado, entramos la atmósfera tranquila y tierna de la noche, es momento de Mother, con Waters a la guitarra acústica y en solitario para ir uniéndose poco a poco el resto de instrumentos y voces.

Con Goodbye Blue Sky y Empty Sky comienzan de nuevo las proyecciones reivindicativas, mensajes (anti) políticos a los que Waters siempre les ha dado presencia desde que cogió las riendas de Pink Floyd: palomas vuelan por el muro y aviones militares descargando símbolos religiosos.
El muro poco a poco, sin apenas darnos cuenta, sigue creciendo poco a poco y llega What Shall We Do Now? con sus flores características danzando (por decirlo sutilmente) al son de los impecables riffs de guitarra que seguirán al puro Rock & Roll de Young Lust.

El muro está casi terminado cuando llegamos al tema Another Brick in the Wall, Part 3, tres pequeñas ventanas aún nos dejan ver a los músicos mientras interpretan
The Last Few Bricks.
Pero llegó Goodbye Cruel World en la que ya solo quedará un ladrillo, por el que nos cantará Waters, para completar el muro, finalizando así la primera parte del concierto.

La segunda parte comienza con Hey You sin ver más que un gran muro de piedra, seguida en el mismo estilo visual por Is There Anybody Out There en la que alzamos la vista a lo más alto del muro donde vemos a los interpretes, hasta que el muro se abre y aparece una habitacion en la que vemos un sofá, una televisión y Waters interpretando la balada Nobody Home mientras nos estremece el piano.

En algún concierto de la gira 2010 David Gilmour cantó en directo el mítico tema Confortably Numb, pero nosotros no tuvimos esa suerte, una lástima, pero bueno, con escuchar los riffs de esta canción y la gran interpretación de Waters en directo nos basta.

Pero The Show Must Go On y los militares hacen su aparición para descargar toda su artilleria (metralleta de luz en manos de Waters) en los isguientes temas: In The Flesh, Waiting for the Worms y Run Like Hell, jabalí volador por la pista incluido, sonando como si de un gran músical épico se tratara, alentando al público a corear y a seguirlos con las palmas, se acercaba el final …

En lo alto del muro se ve un muñeco blanco, fantasmal, mientras suena Stop, la marioneta cae al vacio y comienza The Trial mientras se proyectan las imágenes de la película de animación,The Wall.

Las voces se alzan en un gran coro, el público se pone en pie, llega el gran momento: el muro se derrumba literalmente sobre el escenario. El espectáculo ha finalizado.

Lo que allí vivimos no fue un concierto de rock normal, fue más bien un espectáculo, un músical; incluso con momentos que recordaban a la representación de una ópera. El público, en su mayoría de edad superior a la treintena, no quedó defraudado a pesar de las altas expectativas que una gira como esta infunden. Concierto memorable que será recordado tras el paso de los años.

Un placer.

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2 responses

2 04 2011
Sepul

me gussssssssstah!
También a destacar el sonidazo del Palacio de los deportes, y no es fácil sonar TAN bien en un recinto como ese, una auténtica obra faraónica de ingenieria audiovisual.

2 04 2011
lologoza

Una crónica genial Pi! se me han puesto los dientes más largos…que envidia 😥

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