Oldies On The Flame: The United States of America, pioneros y efímeros

8 01 2011

En el último Oldies del recién finiquitado 2010 hablábamos de psicodelia en tono apologista. Pues bien, el 2011 empieza por los mismos derroteros, dedicando una mirada muy atenta a un disco para el que no hay palabras: habrá que fabricarlas concienzudamente. The United States of America nacían en Los Angeles (California) en 1967 para morir apenas un año después. Y no, no eran unos patriotas redomados, sino todo lo contrario: inconformistas anti-sistema con un par de bemoles. Su legado se reduce a un único LP (más un single extraído del mismo): mínima contribución al mercado, máxima contribución a la Humanidad. La escucha de estas canciones, forzando un encuadre mental en su contexto espacio-temporal, revela una obra asombrosa, magnífica, pionera. Una intuición del futuro, con dotes adivinatorias sobre métodos, tendencias y estilos que no eclosionarían hasta algunos años (incluso décadas) después.

La banda estaba formada por Dorothy Moskovitz (voces), Joseph Byrd (teclados, sintetizadores y otros cachivaches electrónicos), Gordon Marron (violín eléctrico, ring modulator), Rand Forbes (bajo), Craig Woodson (percusiones) y Ed Bogas (teclados). ¿Y dónde están las guitarras?. No, no me he equivocado. En la era de la devoción religiosa hacia las seis cuerdas, este grupo se permitió el lujo de trabajar sin ellas, trazando los sonidos eléctricos desde el corazón de maquinitas de dudosa reputación. Es por ello por lo que, haciendo justicia, The United States of America pueden considerarse como hacedores o padrinos del devenido arte del sampleado, del synth y el digitalismo. Y todo en 1968. Un hito de dimensiones no del todo bien calibradas.

Pese a basar su creación en una hoja de ruta totalmente anómala y vanguardista, el sonido de este álbum (detalles aparte) se alinea con el de bandas que elevaron el rock experimental y la psicodelia a la máxima expresión en los sesenta: Jefferson Airplane, Frank Zappa & The Mothers of Invention, Quicksilver Messenger Service o los holandeses Shocking Blue. Sin embargo en la música de estos californianos, políticamente activos y absolutamente integrados en el espíritu de su década (comunismo, drogas, libertad de acción), hay una capa de sonido novel, esa capa de burbujas y centellas electrónicas milagrosamente paridas en una época de precariedad tecnológica evidente.

Aunque “The United States of America” (68, Columbia Records) deba enfrentarse como unidad, como un viaje del tirón con origen y destino en la América más funesta y vergonzante, estudiemos qué nos ofrece corte a corte. “The American Metaphysical Circus”: increíble obertura y cierre con collage de melodías estilo dixieland, concentrando en su núcleo una introspectiva pieza de psicodelia oscura y relajante. “Hard Coming Love”: abigarrada lección de rock, con absoluto protagonismo para las guitarras (invisibles) y el órgano Hammond. “Cloud Song”: balsámica, onírica y muy visual composición con aderezo de arpa y flauta travesera (puede que también invisibles). “The Garden of Earthly Delights”: con su estribillo excitante fue el single y la bomba del disco, el reflejo de unos Jefferson Airplane sumergidos en un mar de efectos especiales. “I Won´t Leave My Wooden Wife For You, Sugar”: incursión acertada en los pantanos del blues, otra vuelta de tuerca (juguetona e infantil) a la música del delta. “Where Is Yesterday”: salto mortal del blues a la música sacra; cantos gregorianos introducen este medio tiempo de letra y atmósfera decadente. “Coming Down”: nuevamente, el aura psicodélica ilumina una canción en todo su esplendor, haciéndola vertiginosa e irresistible. “Love Song for The Dead Ché”: una aproximación a la canción ligera para evocar la figura del revolucionario por antonomasia. “Stranded In Time”: apropiación del leitmotiv de los Beatles más psicodélicos en escasos dos minutos. “The American Way of Love”: y para cerrar el disco, tremebunda y desconcertante suite que compila todo lo anterior y esboza un patrón (ay, madre) de las bases que más adelante explotarán hasta el aburrimiento los MCs.

La reedición en CD que tengo entre manos data de 1994 y recoge un par de bonus de regalo: un extraño canto oriental llamado “Osamu´s Birthday” y la libérrima “No Love to Give”. Aunque lo ideal sería apropiarse de otra reedición, la de 2004, que añade otros ocho temas rescatados. Y esto es todo lo que da de sí el pírrico periplo creativo de esta banda. Una banda que, de haber perdurado, ahora estaría donde le corresponde. Que es en los mismísimos altares. Mirad, escuchad, opinad.

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5 responses

8 01 2011
Raúl

Gran crítica de un gran disco. El tiempo, poco a poco va haciendo que esta obra se valore como se merece.

8 01 2011
Álex

Que banda tan sorprendente, es impresionante que hicieran esa música en el 68. Me encantan, buen post 😉

8 01 2011
bobbyrto

Parece mentira que no haya guitarras. Parece que las escucho en varias canciones. Si no lo leo aquí ni me entero la verdad.

Si lo queréis escuchar, en Spotify está la versión del 2004 de la que habla Mary

Buenísimo post Mary! 🙂

8 01 2011
lologoza

Que gran Oldies!

enhorabuena mary!

8 01 2011
mary

Auténtica joya de los 60. Imprescindible en cualquier discografía. Gracias a todos. Curre agradecido es curre bien nacido.

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