Woven Hand + 7 Seas Duet (Madrid, 9-12-2010)

10 12 2010

Todavía aguantan los ecos de la anterior visita de Woven Hand a la capital madrileña. Su paso por El Sol como parte de la oferta del Primavera Club 2008 hizo tanta sangre, fue tan fogoso y breve que dejó con ganas de mucho más. Pues bien, esta era la ocasión. Y está claro que de ellos no puede esperarse un concierto convencional. Como poco convencionales fueron los teloneros, los griegos 7 Seas Duet, que trajeron a la civilización melodías del Mar Negro y los Cárpatos cocinadas a base de instrumentos tradicionales. Un soplo de aire, de agua y de sol contra vicios y complejidades. Una música desconocida pero terriblemente honesta, aunque muchos confiesen no entenderla. Una apertura muy apropiada para otra música que bebe de las fuentes vivas de la madre naturaleza.

Y lo primero que hay que decir de Woven Hand es que en directo nada tienen que ver con sus grabaciones. Es como si rociaran con gasolina las canciones y les prendieran fuego. Su reciente invitación como banda telonera de Tool empieza a cobrar lógica. Lo segundo que habría que decir es que David Eugene Edwards es un monstruo escénico. Si su papel de poseso es real o fingido no queda claro, ni siquiera importa. Pocos músicos logran transmitir a la audiencia tal cantidad de sensaciones, de miedos, de dudas. Alguien decía  a mitad del show “este tío tiene algo que me impide mirar a los demás”. Y es cierto. Aunque los demás sean un complemento intachable, sobre todo Pascal Humbert al bajo y Ordy Garrison a las percusiones, el trance de Edwards es digno de fotografía de portada: sus bocanadas de rabia a doble micro, sus saetas oscuras y declamaciones místicas, sus espasmos terroríficos sobre el taburete y la escenificación teatral de su gran verdad, de los misterios redentores y purificadores de su música.

El notable “The Threshing Floor” (2010) era la excusa de esta gira y como tal lució en la primera parte, tras la potentísima apertura con “Not One Stone”. Un comienzo que ya avanzaba corrimientos de tierras. Y así llegaron “Sinking Hands”, “The Threshing Floor”, “Raise Her Hands” y “A Holy Measure”, despojadas de sus capas de polvo y enfundadas en puro cuero. “His Rest” brilló de manera especial, sin perder su magia espectral pero con las tuercas apretadas gracias al poder de la batería. Y cuando parecía que iba a sonar al completo, ahí se paraban las novedades para devolver la vista atrás, rescatando “The Speaking Hands”, “Tin Finger”, el arpegio absoluto de mandolina de “Kingdom of Ice”, “Whistling Girl” o el brutal hallelujah de “Winter Shaker”. Todo adornado con cameos circunstanciales de los griegos y con intros y puentes que, entre tema y tema, hicieron cabalgar por el desierto de Utah, orar y levitar. Una experiencia íntegra, bestial y apocalíptica. Después solo queda exclamar amén.


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