Neil Young – Le Noise: De andar por casa

2 11 2010

Y a estas alturas, ¿qué se puede decir de Neil Young?. Queda muy poco de que hablar sobre el canadiense, nada que no se haya repetido ya hasta la saciedad. Cuarenta y tantos años sobre las tablas, treinta y tantos discos de estudio, amén de directos y colaboraciones, su entera carrera y sus postulados han dado para escribir la Biblia en verso. Así, cualquier palabra sumada a todas las demás pasará desapercibida, por muy iracunda, briosa o generosa que resuene. Pese a todo, saca nuevo disco: imposible callar y no hablar, aunque lo que vaya a decirse ya se haya convertido en fútil incluso antes de ser escrito.

 

Voces exteriores me piden que sea vehemente. Voces interiores me aconsejan que sea benévola. Hay que partir de una base: Neil Young no tiene que demostrar ya nada a nadie. Menos aún a nosotros, que podríamos ser sus hijos, que apenas sabemos nada de las cosas que él ha visto y vivido, sobre las que ha cantado y por las que ha llorado. Así, ¿quiénes somos nosotros para juzgarlo?. Esta vez le apetecía hacer otra cosa y así ha obrado: coger una guitarra, unos pedales y un micro, mostrándose solo ante el peligro.

Y el peligro no es otro que una buena tunda de objeciones. Está claro que Le Noise (2010, Reprise Records) es un ensayo, un disco vertical, como pudo serlo quizá en su día aquel todavía más arriesgado Trans (82, Geffen Records). Pudiera ser que en un futuro se vea como su álbum shoegaze . Ocho canciones, en seis de las cuales solo ruge la guitarra, reverbs, ecos en las voces y algún que otro gesto experimental, cercano a la electrónica. La producción, a cargo de Daniel Lanois, aporta afanes vanguardistas que, más que sumar, estorban. En los otros dos temas solo vibra Neil Young, en cuerpo y espíritu, él y su guitarra acústica: “Love and War” y “Peaceful Valley  Boulevard” nos recuerdan el mítico Harvest (72, Reprise Records), episodios de Zuma (75, Reprise Records) o de Comes a Time (78, Reprise Records). Y de nuevo queda demostrado que las canciones de este hombre son ajenas al tiempo: las de antes se ajustan al ahora como anillo al dedo, las de ahora viajan al pasado en un asiento de clase business.

No se puede negar lo innegable: “Sign of Love”, “Someone´s Gonna Rescue You” o “Angry World” tendrían otra cara más saludable con un poco de maquillaje. Pero apenas un par de escuchas más y el oído se acostumbrará. La disparidad y pluralidad de opiniones sobre este disco será su credencial más adelante. Ni siquiera un borrón, ni una sombra, solo un punto de discontinuidad. El descanso del guerrero, creatividad de andar por casa, un conato de rebeldía a punto de cumplir los sesenta y cinco. Un escupitajo a la cara de la abundancia.

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3 responses

2 11 2010
Raúl

A mí me parece un disco muy mal producido, las canciones en sí no están mal, pero el disco no suena bien y se te quitan las ganas de volver a escucharlo.

Un gustazo leerte, mary 😉

2 11 2010
bobbyrto

“Un escupitajo a la cara de la abundancia.”
¡Toma ya!

Genial crítica. 🙂

12 02 2011
LeFistre

Brillante, claro y conciso el comentario del cd. Totalmente de acuerdo contigo NY ya no ha de demostrar nada a nadie, ni a él mismo, supongo, ya que algunas canciones suenan fatal y la distorsión parece más un accidente que un propósito.

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