EMI y las restricciones a la libertad creativa

6 09 2010

En febrero de este año aparecía la noticia de que EMI, una de las discográficas más importantes y emblemáticas del mundo de la música, estaba al borde de la quiebra, tras unas pérdidas de más de 2.000 millones de euros en el año 2009, que se dice pronto, y que prácticamente les obligaba a vender su catálogo si no conseguían una suculenta inyección de capital.

Pues bien, el viernes pasado, Miles Leonard, jefe de Parlophone (filial de EMI) y una de las personas más relevantes dentro de la compañía, declaraba que es necesario un cambio en el modelo de negocio y que las ventas digitales y de CD no son algo con lo que una discográfica pueda conformarse si quiere sobrevivir en el futuro. Hasta ahí todos de acuerdo, de seguir así las discográficas simplemente siguen la senda de su desaparición, puesto que las diferencias entre gastos e ingresos son cada día más grandes. Pero el problema viene con la solución que propone.

Miles plantea un cambio en los contratos discográficos, lo que ya se conoce como contratos 3600, es decir, que el artista o banda se comprometa a dejar todo en manos de su discográfica: giras, merchandising, discos, etc. En un principio ambas partes salen ganando, puesto que mientras el artista se asegura la contratación de giras, la promoción de su disco y demás, la discográfica obtiene beneficios por todo lo que promueve entorno al artista o banda en cuestión. Y más aún, la figura del manager como intermediario prácticamente desaparecería, puesto que la propia discográfica desempeñaría todas las funciones destinadas al manager. En resumen, el artista/banda gana en estabilidad y presumiblemente obtendría mayores ingresos y la discográfica se aseguraría ingresos en muchos más huecos dentro de la industria de lo que lo hacía hasta ahora.

Este tipo de contrato lo viene practicando desde hace un tiempo LiveNation, actual productora de los discos de Madonna. Para la discográfica, el artista es una especie de franquicia que tiene que explotar lo más eficientemente posible.

Debemos tener en cuenta el carácter de multinacional de una discográfica como EMI, que musicalmente está dispuesta a correr pocos riesgos, ya que la mayoría de artistas que figuran en ella y que están relacionados con el panorama independiente, como es el caso de Sigur Rôs, triunfaron primero en discográficas pequeñas y su capacidad de generar beneficios está contrastada. Evidentemente, EMI no se hubiera arriesgado a producir sus primeros discos. Pero, ¿Qué ocurre con los nuevos talentos? ¿Qué supone para un artista este tipo de contratos? Pues principalmente supone una limitación enorme de su capacidad de autogestión, ya que el artista puede tomar poquísimas decisiones respecto a dónde y como quiere tocar o qué tipo de productos quiere relacionar con su imagen.

Son de sobra conocidas las declaraciones de bandas o artistas que tras conseguir romper contratos con discográficas importantes han terminado echando pestes sobre sus antiguos jefes, mayoritariamente hablando de la presión a la que se veían sometidos, a la hora de, por ejemplo, publicar álbumes, pues tenían por contrato un número de discos por año determinado, y estaban obligados a ello, aunque fuera en detrimento de la calidad de sus composiciones. Esto le ha ocurrido a Radiohead hasta hace pocos años, aunque no han conseguido deshacerse de EMI del todo, pues al poseer los derechos de sus primeras canciones, la discográfica ha sacado recopilatorios en forma de disco sin el consentimiento de la banda. Con los cambios que plantea Miles en el negocio, la sensación de ser un títere de la discográfica sería mayor.

Evidentemente, las discográficas independientes están aún lejos de entrar en este juego, principalmente porque no tienen la capacidad financiera suficiente para hacerlo, pero que las discográficas grandes se apunten a este tipo de contrato no es buena señal, pues son ellas las que manejan el mercado y su superioridad financiera hace que otras discográficas más pequeñas les sigan los pasos.

Con este tipo de decisiones, en lugar de llegar a un punto de acuerdo entre artistas y discográficas parece que las posiciones se alejan más aún, pues actualmente los artistas piden la mayor libertad posible, apuestan por la autoproducción y tan sólo piden a las discográficas la distribución de sus discos, casi todo es autogestión.

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6 09 2010
lologoza

genial artículo!

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